De que hablamos...
Haridian Ortiz y Ricardo Royo-Villanova son algunos de los responsables del diseño y desarrollo de las páginas web made by Verdes Digitales. Hablamos con ambos para preguntarles qué han aprendido en estos años colaborando con la agencia sobre diseño y desarrollo en iniciativas que promueven un impacto social o ambiental positivo. ¿Hay algo que distinga estos proyectos? ¿Qué tiene Hari en cuenta cuando se pone a diseñar una landing? ¿Qué opina Ricardo?
Las cinco clave sobre diseño web cuando llega un proyecto ambiental o social a nuestras manos
A modo de decálogo, Hari, que es la más organizada del equipo, nos ha dejado estas cinco conclusiones a las que ha llegado ella tras su experiencia:
1. En la web no cabe el 100 % de un proyecto social o ambiental y está bien
Tenemos la suerte de trabajar con organizaciones con mucho impacto y decenas de proyectos interesantes. Sin embargo, cuando llega la hora de plasmar el contenido en una web, hay que comprender el total y saber priorizar y ordenar qué necesitamos que tenga más visibilidad y un mayor rendimiento.
2. Contar y diseñar desde quien llega por primera vez, no desde quien ya lo sabe todo
Cada cliente vive con mucha pasión su proyecto y lo conoce al detalle. Sin embargo, no podemos dar por hecho que cualquier persona usuaria lo va a entender igual que él. Por eso siempre nos aseguramos de que quien llega por primera vez a ese espacio web es capaz de encontrar un recorrido claro: una jerarquía que tenga sentido, un botonado claro y fácil de usar y un hilo comunicativo que facilite el proceso de comprensión.
3. Una web con propósito tiene que comunicar, pero también que convertir
Aunque tengamos la tentación de centrarnos en contar todo lo que hacemos, al final tenemos que tener siempre muy en cuenta el objetivo que buscamos: ¿Captar más personas socias? ¿Que se apunten a nuestra newsletter? ¿Que se descarguen algún material? ¿Que nos llamen? Y es ahí donde también debemos centrar el diseño y estructura web: en facilitar que el usuario pueda generar estas acciones.
4. La home debe ser un resumen atractivo, no un archivo
En la home debemos intentar ir al grano: a lo que nos diferencia realmente de cualquier otro proyecto. Y ser lo más visuales posibles, ya que enseñar funciona siempre mejor que explicar en ese primer impacto visual: aprovechar las imágenes reales, mostrar casos de éxito y testimonios, etc. En resumen: ser claros, directos y conseguir que en poco scroll la persona usuaria entienda claramente el impacto que logramos y su importancia.
5. Diseñar también para el contenido que todavía no existe
Los proyectos crecen, cambian. Y con ellos, sus espacios web. Por eso, en una primera fase hay que tener en cuenta también aquellos posibles contenidos que vendrán y plasmarlos visualmente en el diseño. Ya que aunque estén inactivos de inicio, nos permitirán actuar rápido y mantener una coherencia visual con el resto de la web cuando sean necesarios.
Más aprendizaje sobre desarrollo web para proyectos social y ambientales: la opinión de Ricardo
También le preguntamos a Ricardo y a él, que le gusta explicarse con detalle, le salió escribir un texto reflexivo para contarte todos sus aprendizajes. Aquí la tienes:
Llevo toda mi vida trabajando para proyectos sociales, porque llevo toda mi vida militando en política. Soy boomer, y eso quiere decir que para mí la política no es un trabajo, ni una profesión, ni un empleo, sino una labor social. No entiendo la política si no es para mejorar la vida de la gente. Y no por «buenismo», como se dice ahora, sino por puro interés egoísta: si mejora la vida de la gente, mejora mi vida; si mejora mi entorno, mejoro yo. Ahora la política se ve de otra forma, desprestigiada y ligada al interés personal o, en el mejor de los casos, entendida como una profesión. Pero yo no comparto esa visión.
Desde que empecé a trabajar profesionalmente en comunicación, allá por los años 80 del siglo pasado, puse el oficio al servicio de los partidos en los que militaba, muchas veces por amor al arte, sin sueldo. En un momento determinado pasó justo lo contrario, y estuve diez años trabajando en política y con sueldo. Liberado, se decía.
Después volví al sector privado, pero ya a mi propia empresa. Conseguí unos pocos clientes y seguí trabajando en política por amor al arte. Hasta que conocí a Verdes Digitales y todo cambió. No de repente, pero sí poco a poco.
Con Verdes aprendí que ambos mundos eran compatibles. Que podías trabajar para organizaciones sociales, hacer un trabajo que redundara en la mejora de tu entorno y del mundo y, además, vivir de ello. Ya no tenía que ser por amor al arte.
Hay otra cosa que quizá no aprendí en Verdes, porque ya la venía intuyendo, pero que sí terminé de interiorizar aquí. A finales del siglo XX se vinieron abajo muchas de las certezas políticas con las que nos habíamos movido hasta los 90, y las grandes teorías dejaron de explicarlo todo. Y entonces me encontré con una frase que Kike usa bastante: «Piensa en global, trabaja en local». O, dicho de otra manera: cambia tu entorno para cambiar el mundo.Antes todo era muy épico. Había que hacer revoluciones y librar grandes batallas para alcanzar tus objetivos políticos. Y muy masculino, por cierto.
Ahora puedes alcanzar un objetivo político consiguiendo que, gracias a una campaña nuestra, 300 vecinos y vecinas de una comarca de Valencia intercambien objetos que ya no utilizan en lugar de tirarlos a la basura. Menos heroico, pero bastante más útil. Y, además, generar esa conciencia puede ser tu actividad profesional y puedes vivir de ella. Eso es Verdes Digitales para mí.
Además de partidos políticos y organizaciones sociales, existen empresas con valores, empresas capaces de compatibilizar el legítimo afán de lucro con el no menos necesario afán de mejorar el mundo. Eso también lo he visto aquí con nitidez. Cuando fundé mi propia empresa lo hice porque no tenía más remedio: necesitaba trabajar después de diez años dedicado «profesionalmente» a la política. Pero lo hice con cierta sensación de estar haciendo algo contrario a mis principios. En Verdes he vencido ese prejuicio. Trabajamos a diario con empresas que tienen objetivos y valores que van más allá de ganar dinero y que quieren mejorar el mundo en su parcela, en su ámbito, en su entorno. Pero mejorarlo.
Y, en paralelo, en Verdes he aprendido que el marketing sirve para difundir valores, no solo para hacer creer a la gente que necesita comprar algo que alguien quiere venderle aunque realmente no lo necesite y que, demasiadas veces, es humo. A mí no me gustaba decir que trabajaba en marketing. En parte porque no era exactamente verdad: yo trabajaba en comunicación, que es algo más amplio y que puede englobar al marketing. Pero también porque despreciaba el marketing. Yo trabajaba en comunicación. Punto.
Sigo diciendo que trabajo en comunicación y sigo despreciando ciertas formas de marketing que todos y todas vemos cada día en las redes y en la calle. Pero he aprendido que existe otra manera de hacerlo. El marketing que hacemos en Verdes es un marketing con valores, más enfocado en difundir ideas, generar conciencia y cambiar comportamientos que en vender cosas.
En estos años trabajando con Verdes, mientras el mundo cambiaba radicalmente respecto a aquel en el que me eduqué y desarrollé la primera mitad de mi carrera profesional, ha cambiado también mi manera de entender el trabajo, la política y la solidaridad. No ha sido solo por Verdes, naturalmente. Pero sin Verdes el cambio no habría sido tan profundo.
Y quizá el mejor aprendizaje haya sido otro: trabajar con un equipo de personas que tienen, de media, unos diez años menos que yo y de las que aprendo cada día. También las regaño con frecuencia, porque hay una cosa que, por más que intentan enseñármela, no consigo aprender: dejar de ser el enano gruñón del equipo.
