Es evidente, al menos para quienes nos dedicamos a la comunicación ambiental, que la crisis climática no solo es un desafío científico o técnico. Se ha convertido en todo un desafío de narrativa, sentido común y poder. Y decimos poder porque, lo explica a la perfección el estudio Climate Obstruction: A Global Assessment, se ha demostrado que existe todo un entramado sistémico que pretende sabotear cada paso dado hacia un mundo más sostenible. Se está entorpeciendo la acción climática desde múltiples frentes. Y uno de estos frentes es la comunicación. Tanto es así que hace unos días hemos leído: El Gobierno lleva a la Fiscalía los discursos de odio contra meteorólogos y divulgadores climáticos. El panorama no es nada halagüeño para hablar de sostenibilidad, de preservación medioambiental o de marcas o ideas de negocios verdes que creen que es posible otra forma de crecer.
Negacionismo y obstrucción climática
A estas alturas de la película habrás oído hablar del negacionismo climático, esa posición pública que afirma que el cambio climático no existe o no es causado por los humanos (ja!), pero lo que describen más de 100 científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima en esta publicación que te mencionaba antes es algo mucho más sofisticado e, incluso, más peligroso: hablan de obstrucción climática.
La obstrucción climática no es solo “negación” en su forma más básica, sino un complejo sistema de tácticas que buscan frenar las políticas climáticas y reconfigurar la narrativa pública sobre el clima en beneficio de intereses económicos y políticos contrarios a la transición ecológica. Entre los trucos de esta obstrucción está la redefinición de soluciones o normativas una vez éstas han sido aprobadas. Para muestra:
- Marcha atrás en movilidad sostenible: la Comisión Europea amplía el plazo para la gasolina y el diésel.
- El nuevo texto del paquete Ómnibus reduce en un 92% las empresas obligadas a reportar.
La responsabilidad de los comunicadores verdes
En esta obstrucción climática, los medios de comunicación y las plataformas digitales -no olvidemos que los algoritmos de las redes sociales permiten amplificar mensajes engañosos o polarizantes, priorizando el engagement sobre la verdad- han sido y son piezas fundamentales de esta partida. Y como agencia de marketing verde y comunicación ambiental, nuestra labor es clave frente a este contexto. Porque no basta con que la ciencia exista: la ciencia tiene que llegar a las personas con claridad, rigor y el sentido de urgencia que la situación merece.
Y como, de un tiempo a esta parte, el contexto se ha ido volviendo cada vez más oscuro, no han sido pocas las veces que en la agencia nos hemos preguntado: ¿qué podemos hacer?
Lo que está claro es que los esfuerzos por comunicar la crisis climática no pueden ser reducidos a slogans o trends. Hay que desmontar activamente las narrativas falsas o engañosas, como que “las políticas climáticas destruirán la economía”, pero también ese enfoque erróneo que responsabiliza al consumidor individual en vez de a las corporaciones y políticas públicas que más contaminan. Personalmente, desde mi experiencia en comunicación digital y centrándome en el papel de las redes sociales para comunicar ciencia o proyectos ambientales, algunas ideas que tengo claras acerca de cómo combatir esta obstrucción climática:
- Aunque sabemos que los algoritmos dan voz a estos discursos negacionistas u obstruccionista, las redes sociales son también nuestro aliado para llegar a la ciudadanía con mensajes certeros, transparentes y verificables. Vivimos un momento de mucha infoxicación y saturación, cierto, pero los ciudadanos siguen acudiendo a las redes sociales para comunicarse e informarse y nuestros mensajes deben estar en estos canales, en ese scroll diario.
- Las voces expertas deben ser protagonistas de la comunicación. El audiovisual se ha impuesto claramente en todas las plataformas y debemos aprovechar para dar visibilidad y voz a quienes conocen al detalle la realidad climática para hacer frente a esos discursos que desvían la atención de los problemas reales: olas de calor extremas, incendios forestales, sequías prolongadas y fenómenos meteorológicos más violentos. Más allá de contenidos audiovisuales en redes sociales, los espacios en prensa, radio, tele, podcasts, medios digitales… deben sentir la obligación de dar voz a la verdad climática.
- Debemos contextualizar la ciencia para públicos amplios, para que los mensajes basados en evidencia científica lleguen a todos y todas y, al mismo tiempo, debemos empoderar a estas audiencias, para que comprendan qué está en juego y por qué la acción climática urgente es imprescindible.
Y, como premisa clara, es urgente acabar con la idea de que estamos en un debate abierto cuando el consenso científico es rotundo.
Después de tantos años poniendo en marcha estrategias de comunicación de proyectos ambientales, puede ser frustrante seguir teniendo que centrar esfuerzos en recordar que el cambio climático no es una teoría, sino una realidad con impactos tangibles en comunidades de todo el mundo. Pero sí, sigue siendo necesario, y debemos hacerlo desde una perspectiva de justicia climática y de esperanza, no de victimización o pasividad.
Los comunicadores ambientales debemos ser conscientes de que nuestro trabajo contribuye a que la acción climática —política, social y económica— avance con la rapidez que exige la ciencia. Tenemos la responsabilidad y la oportunidad de dar voz a los hechos y a la ciencia para hacer frente a las mentiras y a los intereses de unos pocos. Comunicar bien el clima es otra manera de actuar por el clima. Como profesionales de la comunicación verde, tenemos un papel que cumplir.
