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celebracion dia de la tierra en 1970

Periodismo ambiental II: primeros pasos

Aunque la expresión periodismo ambiental empezó a perfilarse en las décadas de 1970 y 1980 (Fernández, 2001), desde hace más de tres siglos la prensa ha demostrado tener buenos conocimientos de algunos problemas relacionados con la degradación de la naturaleza, de cómo éstos afectan a la vida cotidiana y a la salud de las personas y de que, al menos en parte, tienen solución. Puede afirmarse, por tanto, que aunque apenas existían periodistas dedicados en exclusiva a ello y ni siquiera se hacía uso de ese nombre, el periodismo ambiental ya estaba ahí.

Una de sus primeras muestras claras en España data de 1888, fecha en que la prensa se hizo eco de una manifestación de carácter ecologista producida en la localidad onubense de Río Tinto, cuyos agricultores protestaban por la «lluvia que quema las cosechas» y que en realidad era lluvia ácida provocada por la quema del mineral de esa zona. A comienzos del siglo XX ya aparecían noticias sobre los primeros parques nacionales. La publicación en 1902 de un debate sobre la Ley de Caza en El Heraldo de Madrid o el hecho de que España fuera en 1905 el primer país del mundo donde se celebraba la fiesta del árbol, son buenos ejemplos de un incipiente periodismo ambiental.

A nivel mundial, el verdadero inicio del tratamiento de la problemática ecológica dentro de los espacios mediáticos suele situarse en la década de 1960 (2) en Estados Unidos. La publicación del libro Silent Spring (3) de Rachel Carson, la celebración por primera vez del Día de la Tierra el 22 de abril de 1970, y el accidente de un petrolero en el canal de Santa Bárbara en California, que produjo la contaminación de 2.000 km² de litoral, fueron para muchos los causantes de que los mediosde comunicación comenzasen a prestar más atención a las cuestiones ambientales (Martínez Valdés, 2003). Pero aun así, a comienzos de los años 70 la mayoría de los responsables de medios de comunicación de todo el planeta todavía no estaba familiarizada con la temática ambiental y sólo algunos medios contaban con periodistas especializados en ella.

En España, durante los años de la transición un grupo de periodistas procedentes de distintos medios de comunicación, todos ellos dedicados a la información ambiental, llegó a celebrar una reunión. Su intención era constituir una agrupación bajo el nombre de Periodistas Ecologistas; una iniciativa que nunca llegó a ver la luz, pero que constituye una de las primeras muestras de interés por parte de unos profesionales cuyas reivindicaciones ambientales solían ir acompañadas de motivaciones ideológicas.

La Cumbre de Rio de Janeiro de 1992, que contó con la presencia de más de 120 líderes internacionales, fue considerada la puesta de largo del periodismo ambiental internacional. Sobre ella opinó el periodista español Arturo Larena (2002): «No nos engañemos. Los medios como empresas periodísticas tienen todavía escaso interés en estos temas y uno de los aspectos positivos de Rio fue que consiguió elevar el grado de concienciación de la opinión pública, que muchos gobiernos hayan reconocido formalmente acciones que los grupos conservacionistas defienden desde hace tiempo y que los medios dejen de ver esta información como un bicho raro. Aunque puede resultar pretencioso, se puede asegurar que ‘depende de los medios, en especial de la televisión, la salvación de la biodiversidad de la tierra’».

Los años posteriores a la Cumbre de Rio coincidieron con un periodo de decadencia derivado, en parte, de una nueva política empresarial de los medios que primaba la eficacia y la rentabilidad frente a la especialización (Fernández, 2001); aunque ciertos eventos dispararon de nuevo la atención pública a la temática en las siguientes décadas siguiendo un patrón de ascensos y descensos en todo el mundo. Al parecer estos ciclos de atención se dan en función del grado de espectacularidad del hecho; es decir, «parece que algo espectacular tiene que ocurrir para concebir al medio ambiente como un tema saliente para los medios» (Hester y Gonzebach, 1995).

Dra. Sonia Fernández Parratt

Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid

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