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Periodismo ambiental III: la cobertura ambiental todavía es insuficiente

Seguimos con la serie de post dedicados a la monografía de Sonia Fernández Parratt, profesora en ciencias de la información de la Universidad Carlos III y autora del texto: «Ecoalfabetización para periodistas» (Editorial Fragua, Madrid).

En el capítulo de hoy habla de como se comportan los medios con los temas ambientales desde un punto de vista periodístico.

Aunque las informaciones ambientales cuentan ahora con más prestigio que nunca –en los años 90 ganaron diez premios Pulitzer, mientras que fueron nueve entre los años 60,  70 y 80– y la cobertura de cuestiones medioambientales por parte de los medios ha aumentado claramente en las últimas décadas, ésta todavía es insuficiente. Según se desprende de la Segunda Encuesta Nacional de la Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología (TNSdemoscopia, 2004), presentada en noviembre de 2004, el porcentaje de información ambiental que recibimos de los medios en España (2,99 sobre 5) es inferior a nuestro grado de interés informativo por el medio ambiente (3,48 sobre 5).

Los medios de comunicación se rigen por unos procedimientos rutinarios y su forma de seleccionar la información está muy estandarizada. Con frecuencia nos hacen llegar informaciones sobre catástrofes ambientales, incendios forestales o accidentes químicos, y uno se pregunta por qué se escogen esos hechos restringidos dentro de la gran gama de temas ecológicos cuando sólo constituyen una pequeña porción de lo que los ambientalistas denominarían problemas o temas ambientales.

Para los reporteros de prensa el factor dramático de los sucesos supone contar con una noticia atractiva, mientras que la televisión se guía más por factores como la disponibilidad de imágenes visuales que por el interés científico, lo cual implica que la mayoría de las noticias ambientales se conciba de manera sensacionalista. Todo ello refuerza la tendencia del público a subestimar los riesgos de carácter crónico de males como el efecto invernadero o el deterioro de la capa de ozono –a cuya solución, por otra parte, creen poder aportar poco– y a fijar su atención en los sucesos repentinos o llamativos, sin reparar en la calidad de la información que se les está ofreciendo.

No obstante, la espectacularidad de determinados sucesos no siempre es negativa. Hechos como el desastre del petrolero Prestige hicieron saltar las alarmas sobre la destrucción de la naturaleza y, gracias a la enorme cobertura que de ellos hicieron los medios de comunicación, se acrecentó la sensibilización de una opinión pública cada vez más preocupada por el entorno.

En parte como consecuencia de la tendencia a primar los sucesos más llamativos, los medios acaban creando una imagen parcial de los hechos. Suelen tratar informaciones concretas y a menudo simples sobre acontecimientos puntuales que realmente forman parte de procesos largos y realidades complejas con numerosas implicaciones científicas técnicas que no suelen explicarse (Caja España, 1999). Esto evidencia que el carácter científico de muchas cuestiones relacionadas con el medio ambiente no es fácilmente trasladable a la cobertura de noticias.

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2 respuestas

  1. Desearía saber en qué página del documento de la Segunda Encuesta Nacional de la Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología encontraron el dato sobre la información ambiental.
    Buena información

    1. Hola Gabriel, buenos días. Tendrás que buscarlo en el libro al que hacemos referencia «»Ecoalfabetización para periodistas» (Editorial Fragua, Madrid).» ya que ahí te vendra más info sobre la biografía que usó Sonia Fernández Parratt. Buen día!

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